Imagina

Imagina que amas tanto a alguien que cuando sonríe te explota el corazón. Imagina que cada vez que roza tu piel se te eriza hasta el último de los cabellos. Imagina que cuando oyes su voz te transportases al concierto más espectacular de tu banda favorita. Imagina que un abrazo suyo calma el más triste de tus pesares. Imagina que cuando estáis juntos, el tiempo vuela, pero cuando se aleja todo es más lento y pesado. Imagina que cuando te besa, tu vida se para en seco y de pronto todo empieza a girar. Imagina que vives feliz junto a esa persona.

Imagina que le diagnostican una cruel enfermedad degenerativa. Imagina que sigues con esa persona, día tras días, golpe tras golpe, lágrima tras lágrima, caída tras caída. Imagina que cada día, a pesar de la enfermedad y el dolor, os amáis más y más. Imagina que un día deja de poder moverse, y tú te conviertes en sus manos y sus pies. Imagina que un día las paredes de vuestra casa se convierten en muros infranqueables, y tú los tiras para hacer su vida más fácil. Imagina que pides ayuda porque un día, tras años y años de lucha, tú no puedes más. Imagina que el dolor que siente esa persona que amas es tal que sonreír es un infierno para ella. Imagina que, aun agotado y desesperado, tu amor hace que sigas y sigas luchando contra viento y marea.

Imagina que esa enfermedad, llamémosle esclerosis múltiple, empieza a provocar que esa persona no pueda hablar, tragar ni casi respirar. Imagina que un día vuelves a casa y te la encuentras moribunda, porque ha intentado acabar con su terrible sufrimiento y, de paso, con el tuyo. Imagina que tú, loco de amor, llamas a emergencias y consigues salvarle la vida. Imagina que, tras volver a casa, esa persona que amas tanto que tu mundo se ha frenado en seco al pensar que ibas a perderla te dice que no vuelvas a hacerlo. Imagina que te dice que la próxima vez la dejes morir.

Imagina que te suplica que la ayudes a acabar con su vida. Imagina que todo es negro. Imagina que no hay color, ni sonrisa, ni esperanza. Imagina pena, sufrimiento, agonía y desesperación. Imagina que un día te llenas de valor y le preguntas si quieres que acabes con su vida. Imagina que te responde, suplicante, que termines con ese sufrimiento cuanto antes. Imagina que tu corazón se te rompe, porque esa persona a la que amas con pasión te está pidiendo que la mates. Imagina tu miedo a hacerlo. Imagina tu contradicción. Imagina que sabes que tienes que hacerlo pero que también sabes que cada día del resto de tus vidas la echarás de menos. Imagina que prefieres el sufrimiento de quedarte solo en un mundo que no te ha ayudado a verla sufrir un segundo más. Imagina que te decides, y sabiendo las repercusiones que tendrá, decides grabar un último vídeo en el que esa persona vuelve a decir que quiere irse cuanto antes.

Imagina que la ayudas a descansar, a dejar de sufrir, a dejar de sentir dolor, a ser libre por fin. Imagina que, entre esa pena y ese terror por echarla de menos día a día, te detienen. Imagina que te llevan al calabozo, por tener humanidad. Imagina que te acusan de haberla matado, en lugar de entender que la has liberado. Imagina que no puedes llorarla tranquilo, porque no hay espacio entre barrotes para echar de menos. Imagina que el mundo te parece cada día más cruel y menos humano. Imagina que no crees en la justicia. No imagines. Es realidad, es el caso de un hombre enamorado que ha liberado a su mujer de un terrible sufrimiento porque ella se lo pidió. No imagines, es la vida misma: loca, injusta e inhumana.

#Muertedignaya #LeyEutanasia