No entiendo al mundo… No lo puedo entender, de verdad que no. No puedo entender qué es lo que lleva al ser humano a tener esa necesidad de odio, de juzgar, de quedar por encima, de ser más que otro, de no ponerse en el lugar de los demás, de no empatizar, de hacer mal en lugar de bien, de mirar por encima del hombro, de ser más desagradable que el que ha sido antes desagradable con nosotros.

Por eso tengo que dar las gracias a una persona que nos ha dado una lección a todos. Una persona que ha sido capaz de, entre el dolor y la oscuridad, encontrar un poquito de luz. Una persona para la que habría sido muy fácil haberse dejado llevar el primer día que le dijeron quién podía haber hecho daño a su hijo pero que no lo hizo. Una persona que respiró, pensó en su pequeño e hizo de tripas corazón para intentar lograr que una malnacida dejase en paz al pequeño Gabriel. Una persona rota por el dolor, pero también bendecida con una gran humanidad. Gracias Patricia, porque hoy nos has dado una lección a todos. Nos has enseñado que no se puede condenar una atrocidad con más mal y más dolor. Nos has enseñado que, aunque la rabia a veces sea tan grande que llegue a doler, en el corazón siempre hay hueco para la piedad. Gracias por enseñarnos que después del gran daño que os han hecho, del gran dolor que tenéis, todavía se puede encontrar la forma de ser buena persona. Gracias por pedir calma, cuando calma es precisamente lo que vosotros ahora no tenéis. Gracias por dar amor, a pesar de haber perdido al gran amor de vuestra vida. Gracias por enseñarnos que, ante el dolor, somos capaces de estar unidos, de hacer cosas bonitas y llenar el mundo de peces de colores. Gracias por enseñarnos más sobre qué es la esperanza. Gracias por ayudarnos a no ser tan crueles como la persona que os ha hecho tanto mal. Gracias por ser fuertes y aguantar todos estos días junto a ese ser con el único fin de conseguir desenmascararla. Gracias por todo ese sufrimiento que nos ha enseñado que, incluso en los malos momentos, se puede ser fuerte, se puede amar y se puede ser buena persona.

Siento profundamente que todo esto haya acabado de una forma tan trágica, porque sois grandísimas personas y Gabriel no merecía esto. Siento que vuestro pececito se haya ido y el mar parezca ahora un lugar frío y vacío.

Tengo mucha pena, aunque no os conozco de nada. No quiero imaginar lo que habéis pasado y lo que os queda por pasar, pero quiero que sepáis que me habéis dado una lección enorme que me esforzaré el resto de mi vida para no olvidar: incluso en el dolor hay hueco para seguir amando. Gracias por tus palabras Patricia, y mucha fuerza.

Hasta siempre pececito, nada lejos.