El tiempo vuela, el tiempo prácticamente es un parpadeo. Hoy es, y mañana no queda nada. El tiempo es el más preciado de nuestros tesoros, nuestro más valioso legado. A veces olvidamos lo importante que es aprovecharlo con los tuyos, disfrutar de cada segundo y hacer que cada instante sea único. A veces, se nos olvida bebernos la vida.

Pero la vida siempre nos devuelve a nuestro lugar, siempre nos hace darnos cuenta de lo necesario que es respirar y bebernos cada sorbo de vida como si fuese el último.

Suelen inculcarnos que la vida es una carrera, que debes darte prisa para llegar a la meta con más cosas que los demás, más inteligente, más guapo, más rico…Se equivocan. La vida son sorbitos, momentos minúsculos que nos llenan el corazón. La vida es las risas con tus amigos, los abrazos de una madre, el cariño de un padre, el amor de los tuyos y las comidas en familia. La vida es corta, y por eso hay que vivirla con intensidad, pero sin prisa. La vida son recuerdos, pero no es quedarse anclado en el pasado. A veces la vida es una mierda, y duele. A veces es más de lo que podemos soportar. Y en esos momentos es cuando hay que besar a los tuyos, abrazarlos como si no quisieras que se fuesen nunca. Y, si lo haces, conseguirás que su huella quede siempre y nunca se te olviden. Como tampoco se te puede olvidar beberte la vida, porque antes o después la copa se acabará y solo te quedará el recuerdo de cada sorbo.

Recuérdame que nos bebamos la vida… Nosotros siempre recordaremos cada sorbo que le dimos a la vida juntos.