No recuerdo exactamente cuándo empecé a querer escribir. Sí recuerdo que muchas veces lo hacía como forma de expresarme, de sacar todo lo que de una forma u otra me rondaba por la cabeza. Supongo que la vida no es fácil para nadie, y cada uno busca la mejor forma de hacerle frente. Puede parecer dramático, y quizá lo sea, que una persona con veintiocho años diga que la vida no es fácil, pero es cierto que por diversos motivos no lo ha sido. Por eso escribir ha significado tanto para mí, porque cuando no he podido expresarme de otra forma, escribir y crear personajes y mundos nuevos ha sido mi vía de escape, mi forma de hacerle frente a una realidad que me aterraba.

Cuando comencé a escribir Tejedoras de almas pensé que nunca vería la luz, que nadie lo leería. Pero con el paso del tiempo descubrí que, si yo quería que alguien lo leyese, era tan sencillo como luchar por conseguirlo. Empecé con un blog, en el que publiqué algún capítulo. Seguí por contárselo a mis amigos y familia y luego a mucha más gente.

Un día mi padre me envió un link de un taller para escritores que se iba a celebrar en el Cuarto Real de Santo Domingo de Granada, organizado por una editorial de la que no había oído hablar en la vida. Ese día conocí a Exlibric, a Inmaculada y a Víctor López, un joven de 14 años que había publicado con ellos “Talmira. Tierras en Guerra”. Entonces me di cuenta de que una de las diferencias entre Víctor y yo es que él se había atrevido y yo no. Me di cuenta de que la vida va de eso, de atreverse, de lanzarse, de probar, de arriesgar, de intentarlo hasta que no queden fuerzas, de vivir al máximo, de luchar por lo que te gusta, de hacer que los sueños se hagan realidad…

Exlibric se decidió a publicar Tejedoras de almas, y hace solo una semana se ponía a la venta. No sé si se venderá bien, si a la gente le gustará o si tendrá críticas nefastas. Lo único que sé es que la sensación de abrir la caja y sacar tu libro, tenerlo entre las manos, poder enseñárselo a todos esos amigos y familiares que tanto te han apoyado, es única. Es algo que nunca olvidaré.

Como tampoco olvidaré todas las veces que mis amigos me han dicho que lo intentase, que mis padres, mi hermana y mi prima me han dicho que no perdía nada, que yo mismo me he obligado a dedicarle tiempo para sacar el libro adelante.

No sé lo que traerá Tejedoras de almas, lo único que sé es que no me importa. Me merezco disfrutar este momento. Y todos los que me habéis ayudado, que por suerte sois muchos, también. Nos lo merecemos.

Ya puedo decirlo y sentirme orgulloso de mi mismo: Tejedoras de almas está a la venta. Y yo no puedo estar más feliz.

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