Hoy, querida Jimena, te he visto. Mientras volía a Casa pasadas las tres, te he encontrado llorando desconsolada en un portal. Te he preguntado qué te ocurría, pero has estado temerosa, esquiva, no querías contarme tu verdad. Así que me he sentado en el lado opuerto del portal, pidiéndote permiso, con cautela, porque no quería asustarte. Te he contado mi historia, lo solo que me sentía a veces, lo triste y lo incomprendido. Te he contado que sentía que no le gustaba a nadie…porque en tu llanto me he visto reflejado. Tienes dieciocho años, Jimena, y en tu llanto me encuentro. Te sientes sola, sientes que nadie te quiere, que tus padres no están, que estás desamparada… Y todo eso es cierto, pero al mismo tiempo es mentira. Te pregunto si tus padres llorarían tu muerte, y me dices que crees que sí. Te pregunto si tus amigos te echarían en falta, aunque sean pocos, y callas. Te pregunto, Jimena, porque sé que lo que tú has sentido es un sentimiento real. Porque la vida es mierda, pero también es luz. Porque a veces todo debe terminar, pero simplemente para que comience de nuevo. Te pregunto, Jimena, porque yo he estado ahí. Y en ese lugar, donde todo es hedor, muerte y llanto, yo he habitado. Y he sacado la cabeza de él… Porque la vida es muerte, si tú quieres que lo sea. Porque la vida es desesperación, si no buscas otra cosa. Pero la vida también es carcajada, abrazo, futuro y sueños. La vida es escribir, es poesía y es melodía. La vida es alcohol y desenfreno, pero también es paz y calima. La vida es alma y es pasión, pero también dolor y desgarro. Ay, querida Jimena. Te queda tanto por vivir. Tienes dieciocho años, unos cuantos menos que yo, y sin embargo hoy en el portal de tu hermana nos hemos comprendido. Tú me has dicho mil veces que te sentías mal porque me quedase a tu lado sintiendo frío. Yo te he dicho otras mil que no había nada en el mundo que me hiciese más feliz. Ay, Jimena, cuyo nombre me invento, no hay nada en el mundo que me emocione más que saber todas las cosas que te quedan por vivir. Ay, Jimena, porque cuanto me dices que quieres saltar desde el sexto piso (o séptimo, la ginebra no me deja recordar bien), no hay nada en el mundo que me provoque más alegría que saber que después de lo vivido yo no saltaría nunca del noveno. Ay, Jimena, eres tan dulce e inocente que me emociona saber todo lo que vas a descubrir y aprender. Ay, Jimena, serás tan feliz como tú desees serlo. No habrá matasueños  que pueda con tu vigor, porque espero que, después de haberte contado lo maravillosa que puede ser la vida, seas capaz de darte cuenta de que la única persona que marca tus límites eres tú. Espero, Jimena, que sepas que nadie te querrá jamás como tú vas a quererte, y que eso te hace ser tan fuerte como tú quieras serlo. Ay, Jimena, me alegro de haberte conocido esta noche y de la fortuna que me has regalado…