La humedad en la Selva Oratilla era excesiva para cualquiera que no se hubiese criado allí. Las amazonas se mezclaban con la selva como si fuesen una parte más de ella. Sentían la vida que bullía en ella, percibiendo los latidos de cada bestia, el rumor de los ríos y el susurro del viento al hacer bailar las hojas de los árboles.

La Selva Oratilla es, sin duda, uno de los lugares más espectaculares de Ma’oz. Algunos de los lugares más espectaculares son las cataratas del Irinae Ver Valduna, que en el idioma de las amazonas, conocido como Ioroe Ver Valduna (la voz de la Selva), significa “los ojos de la Selva”. Allí, el río desciende entre la montaña formando cientos de pequeñas cataratas que forman un estruendo comparable únicamente a mil bestias rugiendo. El río continua su descenso, ya con las aguas más calmadas, hasta desembocar en el Ariane Ver Valduna (el corazón de la Selva). El tercer río de la Selva es el Yantuca, mucho más calmado y caudaloso.

Por lo general, las amazonas consideran que los ríos son sus hermanos, al igual que el resto de los habitantes de la Selva. Por ello, es muy común verlas junto al agua, nadando, remando en canoas para ir de un lugar a otro o descansando en sus orillas. No hay que confundirse, el hecho de que las amazonas consideren que las bestias son sus hermanas no quiere decir que no las cacen. Simplemente, cazan únicamente para satisfacer sus necesidades vitales. En cambio, si alguien osa atacar a cualquier habitante de la Selva Oratilla con algún propósito diferente, hordas de las protectoras de la Selva se le echarán encima y, creedme, no es bueno enfurecer a una amazona.

Nadie conoce muy bien cómo es la Selva por dentro, puesto que las amazonas no permiten el paso a nadie que no pertenezca a su pueblo. De hecho, se sabe que algunos han entrado, pero nunca han vuelto a ser vistos con vida. Se dice que si una mujer entra en la Selva, los ríos, los árboles y las bestias acabarán obnubilándola y acabará convirtiéndose en una amazona. En cambio, si se trata de un hombre, muchos piensan que, si es lo suficientemente vigoroso y fuerte como para vencer en combate singular a una amazona, será hecho prisionero para garantizar la supervivencia de las amazonas dándoles hijos. De igual manera, si los hijos son varones, se cree que las amazonas los abandonan a merced de las bestias en cualquier claro de la Selva. En cambio, si tienen la fortuna de ser niñas, las acogerán y criarán como una amazona más.

Nadie conoce a ciencia cierta cuál es el don que hace que la Reina Tassa sea la Ungida del reino, puesto que no se suele dejar ver por lo general en los Concilios ni en eventos de otro tipo celebrados en el resto de reinos. Algunos dicen que la reina es el alma de la Selva y que, sin ella, todos los árboles morirían, dejando desprotegidas a bestias, aves, rocas y ríos.

Lo cierto que es el enigma que rodea a la Selva Oratilla es tal que son muchos los que se sienten atraídos por ella. Algunos, locos e inconscientes, se aventuran por sus caminos, deseosos de descubrir los secretos de un reino místico, antiguo e impasible al paso del tiempo.

Si quieres conocer más sobre el mundo de Ma’oz, lee Tejedoras de Almas: El Concilio de los Ungidos.