Anoche pude hacer realidad uno de mis sueños. Desde hace años, he soñado con poder ir a un concierto de Ricky Martin. Normalmente, cuando digo que me gusta Ricky Martin, la gente me mira con rara de pena, desprecio o sencillamente me preguntan indignados cómo puedo escuchar ese tipo de música.

Evidentemente, a estas alturas de la vida me es totalmente indiferente lo que la gente me diga o piense de mí. Siempre digo que son temazos, que me río mucho o que él es tan guapo que se merece que me gaste lo que haga falta.

Pero no, es algo mucho más profundo, aunque puede que para muchos suene ridículo y no lo comprendan.

Para los que no lo sepáis, hace unos años Ricky Martin llegó a ser un icono a nivel mundial. Era el hombre que todas las mujeres querían, el hombre que todos los hombres querían ser. Aunque suene muy exagerado, es cierto que, además de por la música, era conocido por ser un icono sexual (creo que esta es una de las expresiones más rancias y que más daño ha hecho a nuestra sociedad). De hecho, puede que llegase a ser tan famoso por su físico, por ser un símbolo de masculinidad.

Para sorpresa de medio mundo, y aunque llevaban escuchándose rumores desde hacía años, en 2010 declaró que era homosexual, quitándose un peso de encima enorme. Entonces fue cuando se convirtió para mí en una referencia. Sé que para muchos es algo ridículo y estúpido, pero voy a intentar explicarme.

Aunque yo le había contado a mis amigos que era gay, y cuando alguien me preguntaba no lo negaba (por lo general, aunque he de reconocer que hasta hace un año en alguna ocasión he intentado evitar el tema), es cierto que no le había contado a la gente más importante que soy gay. Algunos miembros de mi familia lo sabían, y por supuesto el resto lo sabía/intuía aunque no se hablase del tema. Por suerte, cada vez es algo más común y se trata con más natural, pero por desgracia hay personas que todavía tienen problemas para aceptar que hay un homosexual en sus vidas.

Para los que lo somos, aunque mucha gente tenga la suerte de no haber tenido este problema, puede llegar a ser muy duro. Aunque la gente no lo crea, el rechazo a los homosexuales y, en general, a lo desconocido sigue existiendo. Aunque la gente no lo crea, es normal entrar a un bar con otro amigo y que antes de acabar de cenar te pidan que te vayas porque es evidente que sois gays. Aunque la gente no lo crea, es normal que haya familias que rechazan a sus hijos, amigos que se separan para siempre porque uno de ellos es gay, gente que pierde trabajos y, en los casos más extremos, agresiones y asesinatos.

Cuando Ricky Martin, el icono sexual, salió del armario, sentí una mezcla de orgullo y lástima por él. Evidentemente, también sentí esperanza por poder casarme con él, aunque reconozco que es algo bastante improbable (no porque yo no vaya a gustarle, que tengo claro que sí, es más que nada una cuestión de escasas probabilidades de cruzarnos en el Mercadona). Como decía, sentí orgullo y lástima. Sentí lástima por lo mal que lo había tenido que pasar, por la cantidad de veces que habría llorado sabiendo que no estaba viviendo la vida que él quería y el miedo tan grande que había tenido que sentir ante la sola idea de decirle al mundo que ese hombre tan guapo y deseado era gay. Pero también sentí orgullo. Sentí orgullo porque entendí que si alguien con tanta presión mediática tenía valor para escribir al mundo que era gay y que necesitaba dejar de vivir una mentira, los demás no podíamos ser menos.

A día de hoy, creo que no me he aceptado al cien por cien. Estoy en camino, pero soy consciente de que, aunque ya he salido del armario y no oculto nada en ningún lugar, reconozco que sigo sintiéndome incómodo en ocasiones. Quiero creer que es una cuestión de inseguridad, y que la sociedad está preparada para que todos hablemos libremente pero quizá el que tiene el problema soy yo.

En cualquier caso, cuando leí en la biografía de Ricky Martin su historia, entendí que, si él había sido capaz de dar el paso, todos podíamos hacerlo. Y no hablo únicamente de salir del armario, hablo de hacer cualquier cosa que nos haga felices.

Por eso, cuando alguien me dice que no entiende cómo puedo ir a ver a Ricky Martin, intento decirme a mí mismo que debo dar esta respuesta que acabo de escribir, aunque todavía no lo consigo.

Ricky Martin no solo es espectáculo, representa una historia de lucha y superación que admiro y que me inspira. Ricky Martin no es solo un hombre guapo (que también), es un ejemplo de normalización del colectivo, de superación personal y de aceptación.

Por eso, cuando alguien me pregunte la razón por la que escucho a Ricky Martin, voy a intentar comenzar a responder con la verdad: escucho a Ricky Martin porque su música me gusta, sí, pero también porque en su día, me salvó. Me ayudó a entenderme, a sentirme orgulloso de mí mismo, a ser capaz de decir alto claro quién era y a entender que no es nada malo. Y sé que puede parecer increíble, pero es un proceso que no es fácil para todos.

Por eso, cuando anoche veía a Ricky Martin en Granada, no podía parar de pensar la de veces que lloré hace años con “Asignatura pendiente”, porque durante años mi asignatura pendiente fue quererme a mí mismo, y gracias a él y a otra mucha gente lo voy logrando poco a poco.

Ayer cumplí un sueño y, en definitiva, de eso se trata la vida, de cumplir sueños y encontrar otros nuevos.