Cuando yo muera no quiero llantos. El día en que me vaya para siempre, no quiero que sea un día triste. No quiero rezos, ni lamentos, ni mirar al pasado. Cuando me muera, quiero que haya una foto mía. Pero una foto mía de verdad. Una con una sonrisa de oreja a oreja y un mojito en la mano, o quizá esa en la que estoy disfrazado de mujer con un cubata y la lengua fuera. O todas las que os hagan gracia.

Cuando yo muera, quiero risas, abrazos y besos y conversaciones alegres. Cuando muera, quiero que mis amigos recuerden cuando me caí en la colchoneta, las borracheras, las bromas, los campamentos y los buenos momentos. Quiero que venga a vuestra mente cada comida familiar, cada vez que os hice reír, cada película que vimos juntos y cada abrazo que os di. Cuando muera, quiero música de fondo. Pero no canciones tristes. Quiero Lady Gaga, Beyoncé, Shakira, Rihanna, Eurovisión, ABBA, canciones de verbena y a Ricky Martin, él no puede faltar.

Cuando muera, quiero que os toméis una cerveza a mi salud, y que me dejéis a mí una cerca, por si en el camino me da sed. De hecho, si os la tomáis mientras estáis a mi lado, mejor que mejor. Y si luego os vais de comilona, mejor.

Cuando muera, quiero que miréis hacia delante, quiero que no tengáis remordimientos por las cosas que algún día quisisteis decirme y nunca encontrasteis ocasión. Quiero que, si lo necesitáis, me olvidéis, porque yo ya no seré importante, lo importante será que exprimáis cada segundo de vuestra vida. Cuando muera, no quiero despedidas, ni sufrimientos, ni lamentos. Cuando muera, quiero que penséis en mí un segundo, que sonriáis con ganas y que sigáis adelante. Porque la vida siempre será más fácil con una sonrisa, y yo siempre estaré en vuestro recuerdo para haceros reír cuando lo necesitéis.

Cuando muera, lo mejor que podréis hacer por mí es ser felices, seguir adelante y no mirar hacia atrás. Cuando muera, lo único que os pido es que vosotros viváis.