Tomo Primero del Libro de Plata.

La magia es un don concedido por los Dioses. Comerciar con ella significa burlar el Designio Divino. La condena mínima será la abstinencia temporal durante tres ciclos completos de la Segunda Luna.

Robar magia significa robar lo divino, es una afrenta al Designio. La condena mínima será la abstinencia temporal durante cinco ciclos completos de la Segunda Luna.

Incumplir lo dictado por las Hematíes, como juezas supremas de lo divino en el mundo terrenal, implica no seguir el Designio divino. Las Hematíes serán libres de fijar la condena.

Usurpar un reino cedido por los Dioses a su legítimo heredero mágico implica robar la tierra a los propios Dioses. Se condena con la muerte.

El incumplimiento de los Mandatos del Concilio de los Ungidos serán condenado en base a su gravedad con la abstinencia total del reino durante entre un ciclo de la Primera Luna hasta un máximo de quince ciclos lunares de la Segunda Luna.

Las Hematíes serán las únicas con potestad sobre Ma’oz para decidir si un reino ha de ser arrebatado a su legítimo heredero y para conceder el trono de dichos reinos. Los únicos exentos a este dominio serán los Reinos Enanos, cuyo pueblo ganó en el albor del mundo el favor de los Dioses al forjar las Reliquias de la Sangre. Los pueblos enanos serán, pues, libres de elegir a sus Ungidos.

Si los Ungidos de un reino, conocedores del incumplimiento de las leyes de la magia, no lo denunciasen ante las Hematíes, éstas serán libres de condenar a todo el reino a la abstinencia mágica permanente, así como a la confiscación del reino a dicho Ungido o Regente.

Aquellos cuyo control mágico sea dudoso tendrán prohibido el uso de sus dones hasta que uno de los Hechiceros Supremos del Consejo de las Cinco Puntas responda por ellos. La condena por el uso descontrolado será la abstinencia mágica parcial, pudiendo llegar a ser permanente si las Hematíes así lo dictaminasen. 

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