Dicen que todo esfuerzo que haces en la vida tiene su recompensa. No sé, a día de hoy, si estoy muy de acuerdo con esa afirmación. Quiero creer que sí, que cada esfuerzo se traduce en algo que nos hace crecer como personas. Quizá la clave es esa, que la recompensa no es siempre la que nosotros deseamos o esperamos. Trabajas duro para ganar dinero. Estudias mucho para tener buena nota. Te esfuerzas demasiado para quedar bien con los demás… ¿No será, quizá, un error de planteamiento? Puede que el trabajo duro tenga que hacerse para sentirse realizado. Quizá estudiar durante horas sea mejor para aprender, pero puede que eso no se refleje en una gran nota. A lo mejor, si te esfuerzas demasiado por quedar bien con los demás, lo que realmente consigues es meterte en la cama cada día y dormir tranquilo porque sabes que has dado el 100%. Sí, es cierto que esto simplemente consiste en cambiar el punto de vista, pero de otra forma nuestros logros no dependerían exclusivamente de nuestro esfuerzo, sino que se verían afectados por innumerables factores ajenos a nosotros que nos provocarían un sufrimiento constante.

Hablo de esto como si yo lo aplicase en mi día a día, algo que es totalmente falso. Sé que es la forma en la que me planteo mi trabajo normalmente, pero muchas veces me siento frustrado porque, si bien sé que todo el esfuerzo que hago me aporta mucho, aunque no en la forma en la que yo lo deseo, a veces simplemente no es suficiente. A veces creo que hay que rendirse. Parar. Reflexionar con calma, coger un poco de perspectiva y darse cuenta de que quizá nos estamos equivocando en todo y que ha llegado el momento de rendirse. Sí, así me siento últimamente, tengo ganas de rendirme.

Pero entonces me pasa algo maravilloso, y es que recuerdo. Recuerdo lo que ha costado llegar hasta hoy. El esfuerzo, el trabajo, las lágrimas, las risas, los buenos y los malos ratos, el apoyo de los que están cerca, la familia, los amigos, todos los que han aportado en los proyectos en los que me he embarcado…Lo recuerdo todo y, aunque por desgracia estoy cansado de que todo sea una batalla continua, me digo a mi mismo que no puedo defraudar. Ni a ellos, ni a mí mismo.

Está siendo un camino difícil, eso es indudable, pero, al igual que me pasa cada noche cuando voy a la cama, cansado, y siento que he dado todo de mí para conseguir los objetivos del día, quiero que el día que todo termine pueda cerrar los ojos y pensar: “ha sido un viaje lleno de dificultades, pero no puedo decir que no he hecho todo lo posible por exprimir cada paso”.

Hoy quiero rendirme, sí. Pero no lo voy a hacer. Por mí, por vosotros, y por todos los que algún día dijeron que no sería capaz.