¿Nunca has tenido un momento en tu vida que no querías que acabase? ¿Nunca has sentido ese vértigo de estar viviendo una época alucinante y no querer que tu vida cambie ni en lo más mínimo? A veces llega un momento en nuestra vida en el que, miremos hacia donde miremos, todo es perfecto. Tanto a nivel personal como a nivel laboral la vida nos sonríe, no podemos pedir más y parece que todo está en su sitio. Y sí, todos hemos sentido eso, aunque haya sido un segundo. Esa mágica sensación de que nada puede irnos mejor es el sentimiento con el que deberíamos aprender a vivir día tras día. Es difícil, lo reconozco. Yo mismo, mientras escribo estas líneas, pienso en la cantidad de cosas que me gustaría cambiar de mi existencia. Y son unas cuantas. Pero cuando luego me detengo y me planteo si realmente necesito cambiar algo en mi vida que me esté torturando y que me pese, la lista de cosas que me hacen infeliz se reduce. Quizá haya una o dos, no más. Y entonces vuelvo a pensar que quizá estoy en uno de esos momentos en los que la vida me sonríe. Pienso en mi familia, pienso en mi salud, pienso en mis amigos, pienso en mi trabajo…Y sí, seguramente podría mejorarlos, pero si lo analizo fríamente, todo está bien. Entonces profundizo un poco más en mi reflexión, y me siento poco ambicioso. Quizá tendría que pedirle más a la vida, tendría que esperar más de los demás, tendría que luchar un poco más por los sueños…pero ¿y si las cosas no salen como yo las imagino? ¿Y si todo va a peor, las cosas cambian y mi vida se desmorona? El miedo empieza a dominarme, y me digo a mí mismo que tengo que intentar que todo se mantenga tal y como está, que al fin y al cabo estoy bien como estoy. Pero entonces vuelvo a detenerme, y me encuentro reprendiéndome a mí mismo. ¿Desde cuándo eres tan cobarde? ¿Desde cuándo tienes miedo al qué puede pasar? ¿Desde cuándo te asusta el qué dirán? Y llega el momento en el que comprendo qué es lo que me pasa. Tengo miedo a los cambios, sí, pero también soy agradecido y me siento pleno y feliz con lo que he conseguido a día de hoy. Porque sí, he conseguido muchas cosas, y muchas las he logrado yo sin la ayuda de nadie. Tengo miedo a los cambios, soy agradecido por lo que tengo, pero también soy inconformista. Ojo, eso no quiere decir que no sea feliz a día de hoy: lo soy, y mucho. Eso simplemente quiere decir que quiero ser más feliz todavía. Sé que muchos pensarán que estoy loco, que tal y como está el mundo no se puede pedir más…pero ese pensamiento únicamente me produce pena. Se puede ser más feliz. Se puede, o al menos se puede vivir creyéndolo. Porque si perdemos esa ilusión que nos da el luchar por nuestros sueños, si dejamos de creer que somos capaces de todo lo que nos planteamos, estaremos muertos. No físicamente muertos, pero si muertos por dentro. Si dejas de pensar que ese proyecto que todos te dicen que es imposible puede hacerse realidad, si dejas de luchar por esa persona que en el fondo sabes que siente algo por ti, si dejas que tus sueños se apaguen, entonces estarás muerto. Tendrás que ser consciente de que las cosas cambiarán algún día, y tendrás que ser capaz de adaptarte a esos cambios y aceptarlos, hacerlos parte de tu vida y ser feliz con la nueva situación. Pero nunca debes abandonar tus sueños, por imposibles que parezcan. Y sí, es muy probable que nunca los hagas realidad, pero habrás conseguido algo mucho mejor: saber que lo has intentando y recorrer un camino único que te hará crecer como persona. Eso es lo que cuenta. Has de ser feliz con lo que vives y haces cada día, sentirte orgulloso al acostarte de lo que has conseguido. Has de saber que la vida puede cambiar, pero que los cambios, para bien o para mal, te enseñarán a ser mejor. Has de darte cuenta cada día de la suerte que tienes, porque siempre podrías estar peor. Has de ser agradecido, valiente, soñador y de mantener los pies en la tierra sin dejar de mirar a las estrellas. Has de hacer frente a las cosas, aceptarlas, y seguir tu camino. Podrás tener miedo podrás dudar, podrás replantearte tus sueños, pero eso, querido amigo, eso es vivir. Pues bien, ¡vivamos!